Una vez que me di cuenta que mi entrevista no se había ido al carajo por completo y materializada nuestra amistad con algunos dos o tres cafés recíprocos, acepto una invitación a un viaje por el sur del país. Ahí la descubrí humana y rota, sobre todo en su forma de dormir, era como si la mujer fuerte y llena de carácter de día se hiciera pedazos de noche, la percibía expuesta a todo, a la venganza, al odio, incluso débil y completamente vulnerable a un abrazo, cosa que despierta pareciera jamas necesitar.
Un hipócrita instinto de protección y mucha cobardía me orillaban a contemplarla todas las noches por cinco o seis minutos después de que se durmiera y de vez en vez, cuando la urgencia de un baño me despertaba antes que su necesidad de cafeína, la observaba bañada a la luz del alba, bajo la cual adquiría un tono pálido y etéreo, parecía desvanecerse ante mis ojos, solo para despertar mas altiva y contundente que el día anterior, mientras yo tenia que desviar la mirada o fingir un bostezo como quien no la había estado espiando, como si no me afectaran sus sueños.
Un hipócrita instinto de protección y mucha cobardía me orillaban a contemplarla todas las noches por cinco o seis minutos después de que se durmiera y de vez en vez, cuando la urgencia de un baño me despertaba antes que su necesidad de cafeína, la observaba bañada a la luz del alba, bajo la cual adquiría un tono pálido y etéreo, parecía desvanecerse ante mis ojos, solo para despertar mas altiva y contundente que el día anterior, mientras yo tenia que desviar la mirada o fingir un bostezo como quien no la había estado espiando, como si no me afectaran sus sueños.